Los gobernantes creen que si las cifras emanadas de las
instituciones y dependencias que integran los tres órdenes de gobierno reflejan
un menor número de delitos denunciados se debe a que existen menos delitos cometidos.
Esto es una verdad a medias. Efectivamente, la lógica dice que sí no se
denuncian delitos es porque no se cometen, no obstante ello, cuando a pesar de
esa aparente disminución la sociedad se sigue sintiendo insegura, ello se debe
a que en realidad no ha disminuido la delincuencia sino la denuncia de los
delitos cometidos.
Todos hemos oído hablar del término "cifra negra de los delitos", que ha sido acuñado desde hace décadas para referirse a los delitos cometidos no denunciados por las víctimas, consecuencia de varias razones, como son temor a sufrir represalias por los denunciados, gastos adicionales en abogados, pérdida de tiempo, desconfianza en las autoridades, entre otros. En términos generales, la falta de interés en denunciar es correlativa a la falta de resultados eficaces en la investigación y sanción a los delincuentes. Las personas que fueron víctimas y denunciaron y no obtuvieron resultado dejaron de confiar en las instituciones y se volvieron los principales promotores de la falta de denuncia. Solo denuncian cuando es obligatorio para recuperar documentos oficiales o cobrar seguros, pero no lo hacen porque los motive el deseo de inhibir otros delitos, incluso, ya no les importa el resultado de la investigación.
He escuchado discursos vehementes de servidores públicos que con sus solas palabras pretenden convencernos que estamos equivocados respecto de los niveles de inseguridad que padecemos y casi nos obligan a creer en las cifras oficiales que muestran la disminución delictiva. Cuando eso sucede, siempre escucho otras voces cercanas que hablan de inconformidad y desacuerdo, lo peor es cuando los medios de comunicación hacen pública la existencia de delitos que la autoridad niega.
Cuando las autoridades mienten acerca de la realidad delictiva hacen que la sociedad baje la guardia y se vuelva presa fácil, es decir, si las autoridades dicen que ya no hay robos o secuestros, la gente luce sus pertenencias y abre el apetito de los delincuentes que aprovechan la ocasión. Es difícil afrontar la realidad. La sociedad zozobra en un mar de incertidumbre y las autoridades pretenden darle calma con cifras alentadoras pero irreales que la arriesgan más.
La acción policial no puede ser el pilar que sostenga la confianza social. Conducirse con verdad puede generar un vínculo de solidaridad entre gobierno y sociedad. Reconocer el estado de inseguridad que padecemos y sumar esfuerzos puede ser mejor que disfrazar cifras. Aunque duela, es mejor sincerarse. La autoridad no comete los delitos, lo hacen los delincuentes, pero si la autoridad para demostrar que da buenos resultados toma cifras incongruentes y luego se conoce la verdad, hace creer que protege delincuentes y pierde más en perjuicio de todos.
Se debe alentar la denuncia, pero también se deben brindar mejores resultados en la prevención. Al parecer todo se apuesta a detener delincuentes pero nada se hace para mejorar la prevención del delito y de conductas antisociales, ahí es donde las estrategias fallan, si disminuimos la comisión de delitos, podemos mejorar la convivencia social.
Cuernavaca, Morelos, mayo 2 de 2015.
José Luis Urióstegui Salgado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario